lunes, 17 de agosto de 2009

Mis primeras dos entrevistas

El día que me puse nervioso

Termas de Río Hondo es una de las mejores ciudades de Santiago del Estero, sin dudas, o mejor dicho es uno de los mejores paisajes urbanos de esta provincia. No sé cuándo se fundó, ni por quiénes, ni ningún otro dato histórico; sé que no tenemos el acento de los “santiagueños”, no decimos “¿qué haces?”, decimos “¿qué hacé?”; sé que no todos lloran cuando se van del pago; sé que gran parte de su población tiene que migrar para buscar trabajo; sé que la mayoría de los termenses solemos cruzarnos con marplantenses en algún momento de nuestras vidas, y que de esa cruza sale un tono y un vocabulario nuevo que incluye los términos: “pibe”, “viste”, “capi” “logi” “manzana”, “fie(r)ro”, “fo(r)ro” “pancho” y otros que ahora no recuerdo; sé que hay jejenes, (Traducción: mosquitos aún más cargosos que los normales); sé que en el verano llueve los fines de semana y que un ratito después vuelve a hacer 50° de calor; sé que la Cuenca Salí Dulce está contaminada y que por eso cada tanto aparece una mancha en el lago de la ciudad o un espiral de pescados muertos; sé que debe ser uno de los pocos lugares en los que en invierno hay días de sol; sé que las aguas termales atraen a turistas de distintas regiones del país; sé que todos los años se trabaja un poco menos; sé, y esto es lo quería comentar, que en esas temporadas de invierno suele llegar a la ciudad algún artista o un espectáculo importante. Welcome to the Termas.
En julio del año pasado llegó a esta tierra Nito Mestre. Sí, el que cantaba con Charly García en Sui generis. “Está igual” sólo que un poco más canoso y gordito. Un día antes de dar su función en el Centro Cultural brindó una conferencia de prensa en un Hotel. La novia de mi tío que trabajaba ahí me avisa. A la siesta me pongo a preparar preguntas. Lo único que se me ocurría era preguntarle si lo había visto a Charly (era la época en la que Charly estaba internado) pero me parecía desubicado. Al final se me ocurren dos. Me mando.
Había 15 personas: dos mozos, un productor, un presentador, el intendente de la ciudad, una fotógrafa, periodistas de Santiago, de Chile (sí, Chile) otro más y yo con un celular y una carpeta. “Bienvenidos, buenas tardes, que pum que pam” y el Intendente Luis Saleme le hace una broma de mal gusto (o confesión, nunca lo sabré) a Nito Mestre: “nací en Tucumán pero me vine a robar acá” ja ja ja, se rompe el hielo, todos felices. Se abren las preguntas. “¿Crees que la crítica musical argentina no ha valorado tu trabajo?”. No recuerdo la respuesta. Sé que en algún momento dice que sus discos solistas no son tan conocidos porque ninguno se produjo con el apoyo y la difusión de un sello discográfico importante. Mi viejo me dirá que los temas de él son todos iguales: guitarra, flauta, flores y arco iris. A la noche, en el show, comprobaría que era cierto. La conferencia de prensa seguiría y me encontraría con una persona segura, madura, relajada, tranquila, nada de sexo, drogas y rockanroll, nada de rockanroll n’ n’ n’. Hago mis preguntas. Termina todo. Pico unos alfajorcitos, unos sanguchitos, tomo un vasito de coca, y podría haberme ido. Pero no. Se me ocurre preguntarle si le podía hacer una entrevista para salir en vivo para FM 92.5. “Dale”, me dice amablemente. Este es el momento en el que tengo que hablarles de Ariel Romaguera. Era, en ese momento, el operador de la radio. Le gusta la marcha, la salsa, se autodenomina “dj lagarto”, se ríe a carcajadas, se chupa el dedo, y siempre, hasta el día de hoy, se portó bien conmigo. Ah, él no habla en la radio, sólo pone música y te saca al aire. “Listo”, me dijo ese día. “Estamos con Nito Mestre que hoy….. pa pa pa pa pa… , ¿con qué show se va a encontrar la gente que vaya hoy al recital?”, primera pregunta. “Bla, bla, bla, bla”. “Por qué crees que las canciones que compusieron con Charly en Sui Generis perduran hasta el día de hoy”, segunda pregunta. “No soy Sociólogo”, me contesta irónicamente y sigue “pero me imagino que bla,bla, bla”. Me pongo nervioso y me bloqueo, no sé qué más preguntarle. “Le querés preguntar algo Ariel” (jaaaj) y Ariel hace lo que sabe hacer: sube el volumen. Silencio. Al final Nito aprovecha para invitar a todos. Chau. Gracias. Me río. Me pasara varias veces después, pero esa fue la primera. Todavía me río.



La segunda entrevista se llama “El día que me vendí”, una entrevista a Leo Matiolli. Sí, “Leo, Leo, Leo”.

lunes, 3 de agosto de 2009

El hombre, el súper hombre, y el nuevo hombre

No pretendo desarrollar el pensamiento de Friedrich Nietzsche ni lo que propone en sus obras, ya que lo poco que he leído han sido interpretaciones de sus pensamientos, y algunos párrafos de sus libros. Podría decirse que conozco un Nietzsche mediatizado: un Nietzsche enamorado construido por el "Día que Nietzsche lloró" (un Best-seller escrito por x); un Nietzsche solitario y racista; un pensador critico, lúcido y oscuro; un hombre que "asusta" por postular el anticristo y otros demonios.
Encontré "Genealogía de la Moral" y "Así Habló Zarathustra", una tarde en la casa de un amigo. Por curiosidad leí un par de hojas. El primero era bastante denso, me dormía en la cuarta o quinta hoja de lectura corrida, así que lo abandoné bastante rápido. "Así Habló…" era más dinámico; estaba compuesto de frases simples en las que un hombre (tipo maestro espiritual que baja de una montaña y se sienta cerca de un árbol) opinaba y aconsejaba sobre distintos temas.
Tiempo después alguien me habló de él. Me dijo que Nietzsche había inspirado el pensamiento nazi, lo que es decir que había sido el ideólogo de uno de los genocidios más crueles de la historia de la humanidad. Me habían quedado dudas, pero para defenderlo tenía que leer más de 500 páginas.
Ahí se había estancado nuestra relación: en que él era tan insensible, egoísta, racista, y perverso como Hitler y varios de sus amigos. Un tipo cerrado con el que uno no se sentaría a tomar una cerveza.
Semanas atrás tenía (otra vez) una leve sensación de angustia. Sentía que las ideas y las creencias que dan sentido a mi existencia podían ser ridículas y falsas, puesto que leyendo el Quijote de la Mancha encontré que, en general, nos pasa algo muy parecido a lo del hidalgo: lo que leemos nos influye y nos condiciona de tal manera que nuestra forma de interpretar y encarar las cosas podrían ser una ilusión, un engaño. En vez de ver molinos de viento vemos ángeles o demonios; en vez de ver un rebaño de ovejas y de cabras vemos un ejército con el que debemos combatir, vemos estatizaciones o privatizaciones, y así comenzó a desmoronarse todo de nuevo. A esto se agregaba la crítica de mi amigo Nietzsche a mi moral occidental. ¿Dios? Podría ser una inventiva cultural y psicológica para encontrar sentido a todo esto. Y ahí, paradójicamente, ese mismo hombre me susurró por medio de un aforismo: "seguir soñando sabiendo que se sueña". Y aunque esa no haya sido su intención, recuperé mi fe.
En líneas generales los cristianos interpretamos que en este mundo estamos de paso, sin embargo esto no quiere decir que no debamos vivir con plenitud y que no recordemos que es en esta realidad en la que uno debe dedicar al menos una parte de su tiempo, de su fuerza y de sus capacidades a colaborar con otros, a ayudar a otros, a sentirnos parte de un lugar y de una comunidad. La perspectiva de este autor debería ser tomada como una alerta para no perder de vista dónde estamos y qué debemos hacer, y no para escandalizarnos y demonizarlo.
Es cierto, esta cultura occidental se basa en un libro: la Biblia, y esto se debe a que muchos hidalgos cristianos la impusieron violentamente, sin considerar que Jesús basó su mensaje en el diálogo diario. La Biblia desde el punto de vista de esos hidalgos parece una farsa, un instrumento para dominar y someter. Pero si leemos atentamente descubriremos que ese libro hace énfasis en el amor, en el diálogo: ilusiones irrenunciables.
Me quedo, entonces, con ese susurro final: seguir creyendo sabiendo que no se puede demostrar lo que se cree. Seguir intentando sabiendo que se intenta y que quizás nada cambie.
Entre tantas cosas a las que se adelantó a su tiempo, se puede agregar una más: pudo preveer que en este futuro pocos se sentarían a leer 500 páginas (a conocer a alguien), que muchos lo interpretarían erróneamente, que sería uno y otro, que sería esto y aquello en el mundo en el que sólo circulan imágenes. Por eso su pensamiento se condensa en recursos literarios conocidos como aforismos (pequeñas frases).
Quiero creer que, como cualquiera de nosotros, osciló en constantes contradicciones, que un día se enamoraba y al otro se desilusionaba, que un día se sentía seguro y otro se encerraba en su cuarto renegando de su suerte, que un día creía y que el otro mandaba todo a la mierda. Quiero creer que al llegar a la conclusión de que no se puede definir a algo como verdadero, nunca planteó que había una raza, valores, creencias, pensamientos, o costumbres superiores a otras.
El superhombre en el que creo, es el que cree en un mundo en el que nadie cree; el superhombre es el que sueña en un tiempo en el que nadie sueña; el que ama cuando nadie ama; el que intenta cuando nadie intenta; un superhombre que podría confundirse con el nuevo hombre cristiano.

miércoles, 29 de julio de 2009

En caliente

Siempre nos han recomendado tomar las cosas con calma, pero estos meses, a través de los medios de comunicación, hemos asistido a un desfile de imágenes y frases que nos llevaron a contar hasta 10.

Recuerdo una propaganda en la que se nos recomendaba contar hasta 10 si se nos presentaba una situación estresante, el objetivo era lograr que no actuáramos movidos por la ira para no tener que lamentar sus consecuencias. Varios habrán descubierto que ésta no sólo era una técnica que ayudaba a evitar problemas entre familiares, amigos y vecinos, sino que prevenía diversas enfermedades.
Desde los tiempos más antiguos se asocia la serenidad con la sabiduría. Caciques, filósofos, maestros, y profetas pasaron un largo rato en el desierto moldeando su carácter y su pensamiento antes de volver a sus comunidades con su mensaje. Cuando regresaban, aunque no estaban exentos de algún sobresalto o disgusto, parecían imperturbables. En su último gran gesto el nazareno más famoso le pide a su padre que perdone a aquellos que lo insultaban, lo escupían y lo golpeaban sólo por proponer que se amen unos a otros.
Paulatinamente esto fue cambiando y en nuestros días el que tiene bronca, tiene prensa, y ese se gana la simpatía de numerosos sectores. Hace unos meses Susana Giménez estaba enojada porque habían matado a una persona que formaba parte de su staff y, con bronca, pidió que se instalara la pena de muerte, minimizó los derechos humanos, y se descargó. Un psicólogo habrá pensado “liberó su bronca reprimida y se evitó un tick nervioso”. El mecánico del taller de la vuelta habrá dicho “no le llevés el apunte, está caliente”. Pero no. Aunque no se trataba de un especialista en la materia que concluía su tesis presentando investigaciones, estadísticas y conclusiones, se le atribuía autoridad a sus palabras. Tiempo después un joven de Buenos Aires reclamaba justicia por la muerte de su padre. El reclamo era lógico y comprensible, sin embargo lo que me asombraba era que los periodistas le estaban preguntando a ese vecino dolido qué pensaba sobre bajar la edad de imputabilidad y sobre instalar la pena de muerte. El sentido común nos dice que si una persona se encuentra en un proceso de duelo, no le podemos ir a preguntar qué le parece la vida. Luego los vecinos del barrio, donde asaltaron y mataron al hombre, golpearon a un magistrado y a un funcionario de la zona, varios periodistas creyeron que se trataba de un mensaje de la sociedad para la justicia: una piña significaba instaurar la pena de muerte y una patada bajar la edad de imputabilidad.
Sin pretender igualar a estas personas ni a estos hechos con los que voy a citar, vale la pena recordar, (para dimensionar hasta dónde nos puede conducir el resentimiento), que habían pasado casi diez años del final de la primera guerra mundial, los alemanes todavía estaban dolidos. Seguían pagando las consecuencias de esa guerra en la que habían perdido territorios, prestigio, y dinero. Adolf Hitler era uno de ellos, su cólera se depositaba en comunistas, judíos, homosexuales, discapacitados, gitanos, negros, y todo el que lo mirase mal. Toda esa bronca se acumuló en un discurso que se reprodujo por los nuevos instrumentos que aparecieron en esa época. La gran mayoría aplaudió y pocos interpretaron que ese muchacho estaba caliente.
Ahora que los medios de comunicación tienen engripada su agenda se han generado las condiciones para poder pensar con calma y sensatez este tema. ¿Hay inseguridad? ¿se revuelve de esa manera?

martes, 21 de julio de 2009

Feliz día del amigo

La ruta 9 divide en dos la ciudad. De un lado queda el parque al que siempre llamé pulgarcito. Lo remodelaron hace poco, donde había una calesita y un circuito de karting, ahora hay modernos juegos de toboganes y otros entretenimientos para niños a los que no le encuentro forma con mi mirada de grande. Hay tipos casillas que supongo que hacen de baños. La iluminación transforma esta vieja manzana en un lugar moderno.
Sábados y domingos los niños corren, ríen, saltan, y reúnen a la familia en el parque. Compran unos panchos, un pochocho, una garrapiñada o un algodón y se van contentos con su linda tarde. Cuando las familias se retiran llega el silencio y el pulgarcito parece un lugar abandonado. En un tiempo los serenos permanecían toda la noche recorriendo los pasillos y las veredas. Ahora no los veo.
En una de las esquinas hay una fuente, varios grupos se reúnen alrededor, algunos turistas se sacan fotos, otros se sientan a tomar una Coka, y otros caminan. Se parece bastante a la fuente que está en Mar del Plata al final de la peatonal San Martín, sólo que faltan los Power Rangers, los Micky Mouse, o el Hombre Araña. Acá, los Súper Héroes no se bajan del trencito que recorre gran parte de la ciudad.
El ruido de las motos reemplaza los murmullos y el alboroto de los niños. Es que en Termas siempre hay motos, y los motociclistas no se conformaron con el sonido de las sordinas: ahora escuchan reguetones y cumbias mientras manejan. No sé en qué lugar de las motos instalan esos equipos, pero ahí están. Alguien me dijo alguna vez que las calles que rodean el pulgarcito se convierten en la pista del tontódromo, y es cierto, tan cierto que yo soy uno de los tantos pilotos que conducen una onda wave.
Frente al parque, cruzando la ruta 9, está la YPF, varios negocios y un Pub. Como cada noche de los fines de semana, "El Chúkaro" está lleno. Pido un vodka con Speed y le digo a Ingrid que nos vayamos. Que crucemos la ruta y vayamos al parque. Vamos saliendo y un vago que le presume le pregunta a dónde va. Ella le dice que a hamacarse en el parque. Me río. Es sincera. A eso vamos: a hamacarnos, aunque él crea que nadie se hamaca a esa hora, que todos, a las 4 de la mañana, tratan de encontrar a alguien con quien coger. En la puerta parece que se armó un pequeño disturbio. Alguien que trata de entrar y el seguridad del local que le niega el paso. Puteadas, explicaciones de todo tipo, y logramos salir. Antes saludamos a los que cruzamos. Feliz día del amigo, mua, mua. Cruzamos la ruta, de lejos viene un camión y por la esquina llega una moto, él que va atrás toma un vino en una botella de plástico cortada y grita o balbucea algo.
Llegamos a la vereda del pulgarcito. Hace frío. Cada uno tiene su vaso de vodka con Speed. Ella me dice de comer una hamburguesa en la YPF. Le digo que no, que ya comí un sandwich en los carros y ella me confiesa que está llena pero que quiere ir para ahí. Al final nos quedamos. Hablamos de los amigos: de lo que sentimos y de lo que pensamos de cada uno de nuestros amigos. Que aquel es así y el otro asa.
-Me parece que nosotros haríamos una linda pareja.
-No sé, no creo. Nos llevamos bien como amigos, pero como novios nos celaríamos mucho.
-Sí, no sé.
-Por ahí en otra vida.
Se ríe y me dice que siente que el vodka le está pegando. Pasa un amigo. Le chiflamos. Para. Caen dos más. Recién salen de trabajar. Un poco de formalidad y comenzamos a reírnos. Hablamos de todo un poco, desde que antes esto y ahora aquello. Que ahora se fuma porro en la escuela, que en el campo también toman merca, que los videitos caseros son la sensación del momento, que esta ciudad es chica, pero siempre sale algo.
No puedo recordar cada detalle de la conversación. Se acaba el alcohol.
Le digo a Ingrid que volvamos al "Chúkaro". Cruzamos la ruta. Por un ratito siento que soy feliz. No le digo a Ingrid gracias por ser mi amiga porque ya somos grandes. Entramos y bailamos un reguetón. Cinco horas antes le había dicho feliz día del amigo y nos abrazamos fuerte.

martes, 7 de julio de 2009

Atrapar el viento

Trato de subir,
lo más alto que puedo,
para observar todo desde arriba,
tranquilo, claramente,
pero las plumas de mis alas,
una a una me abandonan,
y tengo miedo de caer y finalmente perder.


Al fin, cerrando mis ojos,
Descubro que,
cuando vuelo,
él, solamente me hace jugar,
porque al viento,
¿quién lo puede atrapar?


Y éste me devuelve,
lo que nunca pude crear,
ese espacio al que el hombre no llega,
si es que no aprende a esperar,
a que el viento, finalmente......
se decida a soplar

viernes, 12 de junio de 2009

“Bon appétit”

Doctor Cianuro y su delicioso Corazón

-Claudio Cianuro, un gusto. Tome asiento por favor.
-El placer es mío doctor.
-Usted dirá.
-Por la mañana siento un dolor muy intenso en el pecho. A la noche, antes dedormir, lo mismo.
- ¿Únicamente en estos turnos le sobrevienen estos malestares?
-Sí doctor
-El corazón señorita.....
-Lucille.
-Señorita Lucille, el corazón es apenas un poco más grande que esta manocerrada.......

II

El doctor está sentado en su sillón, frente a él su escritorio al final del día: un pequeño portarretrato, carpetas, hojas sueltas, papeles, algunas lapiceras desparramadas y otras colocadas sobre un frasco. Toma un follo y saca algunas hojas de su interior. Las mira,paseando su mirada, preocupado.
Su rostro pálido luce aún más fatigado al finalizar un día laboral.Tiene una pequeña cicatriz al costado de sus finísimos y rosados labios. Sunariz, recta, parece brillar. Tiene el pelo exactamente igual a como selo arregló por la mañana; también su guardapolvo permanece impecable.Mira hacia la puerta como si esperara a alguien, como si la puerta de suconsultorio se pudiera abrir de golpe y ser acribillado por dos matones asueldo, de chaqueta negra y sombrero combinando.

Toc, toc, toc

-Adelante.

La puerta se abre. Tímidamente.
El corazón del doctor Cianuro se dilata y se contrae velozmente. Su rostroatribulado no muestra ningún tipo de reacción.

Los pacientes que visitan al doctor generalmente toman asiento en la silla queestá frente a él, en este caso la señorita se sienta en el sillón que está a suderecha. En la pared hay un cuadro: un paisaje de París. A la derecha, unamesita repleta de libros.
La mujer toma uno cuidadosamente. Claudio hace lo mismo con las hojasque tiene en sus manos. Cruzan miradas, en algunas ocasiones coinciden. Elladesliza una nota que se muere en un punto de la mesa. Por ultimo,se levanta y se retira mordiéndose los labios.

La puerta se cierra.

El doctor se acerca al sillón y toma la nota. A continuación da unospequeños pasos hacia la ventana.

"Los dos besos que me diste ayer ¿eran de dolor? ¿quién me dirá si fueron los últimos?"
Doctor Cianuro vuelve a leer sin inmutarse. Toma la pequeña hoja que conteníaese verso y la dobla con cuidado en pequeños cuadritos. Finalmente toma sumaletín y se va.
Antes de cerrar la puerta introduce el sobre en uno de sus bolsillos.

III

Cianuro llega a casa.
Sus hijos nunca corren a abrazarlo, así que no le sorprende que continúen jugando en la vereda del vecino mientras el camina hacia la puerta.
La tele está encendida y su esposa se baña.
La cena está servida.
Sin quitarse el guardapolvo, doctor Cianuro come verduras imaginando que traga distintas, y sabrosas partes, de su delicioso corazón.
La tele lo acompaña a dos metros de distancia y unos ruidos indistintos ocultanlos murmullos y las carcajadas de sus hijos. Mientras tritura su corazón,diminutas gotas de lluvia impactan sobre la piel caribeña de su esposa desnuda.

Ya acostado, Claudio soñará, rodeado por los brazos de María, que está solo en una canoa. Días y días, perdido en el mar. Desesperanzado, hambriento y sediento comerá ybeberá de lo único que tiene a su alcance en la balsa: un corazón que no parade latir en la quietud y mansedumbre de un inmenso océano.

IV

Se levanta.
Como un zombi se dirige al baño.
Lo hace todo muy lento.
Arrastrándose.
Los niños duermen, y María no despertará hasta las 8 AM. Terminade vestirse y siente la bocina de un auto.

-Buen día doctor Cianuro.

En el trayecto hacia su trabajo escribe algo que se parece a un poema.

-Hoy va a llover, doctor. ¿Tiene paraguas en su consultorio?
-Creo que hay uno.
-Voy a ver si por la tarde le traigo a mi hijo mayor para que lo vea, estos días se la pasó tosiendo.
-Los espero.
-Adiós doctor. Dios lo bendiga.

V

Que no me siento bien. Que no aguanto más. Que qué tengo. Que los remedios nofuncionan. Que si me va a curar. Que si es peligroso. Que si puede morir. Quela garganta. Que el estómago. Que la cabeza. Que el hígado. Que los intestinos.Que no tengo nada. Estas frases y otras escucha a diario el Doctor Cianuro, estedía no ha sido la excepción.
Su secretaria entra a su consultorio y le informa que no quedan máspacientes.Doctor Cianuro desarma la camilla, apaga la lamparita y guarda todos losinstrumentos que utilizó para examinar a las personas que atendió durante lamañana y la tarde; afuera se escuchan los primeros truenos, (su Chofernunca falla), sólo la luz de la oficina queda encendida.

Se sienta y aprovecha este segundo de silencio para mirar a su alrededor.

Su rostro vuelve a cobrar ese tono solemne que refleja siempre.
Diez minutos después aparecerá la misma señorita que lo visitó el día de ayer. Sin comentarios Claudio se irá dejando una hoja sobre su escritorio.

La mujer se levanta desesperadamente, choca con lo que se interpone en su paso,toma la hoja y devora su contenido sin sentarse, hasta que el impacto de lo quesiente la derrumba sobre el asiento donde hoy estuvieron sentados un gran númerode pacientes.

Llora.

Débilmente.

Con un pañuelo seca sus lágrimas y permanece en la misma posición hasta quealguien abre la puerta y le recuerda que "el doctor no atenderá hasta mañana alas 8 AM".

-Merci

VI

En la calle hace frío.
Se abraza a sí misma mientras le hace señas a un taxi.

-A la Civille, por favor.

Ve pasar edificios, restaurantes, locales de comercio, luces, personas,automóviles; siempre con su rostro apoyado en la ventanilla. Trata de nopensar, pero es imposible, se deja llevar como los barquitos de papel queviajaban por los canales de agua de las calles, ante la atenta mirada de su hermana y de ella siendo niñas.
Repentinamente comienza a llover, cada vez más fuerte.

-La Civille, señorita.

-Tome, quédese con el cambio.

Abre la puerta y la lluvia se transforma en tormenta. Las gotas de agua chocaninterrumpidamente contra el pavimento del pasaje La Civille. Se dirige a laúnica casa que no tiene encendida las luces, abre la puerta y la deja sin llave. Tira sus cosas sin ninguna dirección y entra a su habitación. Ya recostada escucha, primero la lluvia, luego las ranas.

Soñará con Claudio. Hace poco que se conocen y caminan por un parque similar alpaisaje de Francia que el doctor tiene en su consultorio. Se sientan en elpuente a contemplar la laguna y como el sol se hunde, como un puñal, lentamenteen ella.

VII

Claudio está sentado en la mesa de su hogar, tranquilo bebe cada gota de su corazón en un vaso de vino tinto.
La lluvia ha comenzado a azotar la ciudad.
La luz parpadea.
Doctor Cianuro termina de beber su corazón y se levanta para traer una vela. Losniños se han sentado en los sillones alrededor de la tele.
María y Claudio se sientan juntos, se abrazan y se ríen al unísono de las imágenes que ven.
Luego de un rato se corta la luz.
Luego, las ranas.

domingo, 31 de mayo de 2009

La última vez que vi a Dios

La última vez que vi a Dios eran las 7 de la tarde.
Recién se levantaba de dormir y todavía vestía su pijama rosa.
Sonreía como sólo sonríen los dioses.
Precisa, como la puesta del sol, tomaba mate en su vereda.
Me quedé en la puerta observándola.
Ese día confirmé que Dios tiene la piel pálida y los ojos negros.
Eran las 7 de la tarde y el día se iba.

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