lunes 26 de octubre de 2009

Les mojaron la oreja

Los provocaron,
Los humillaron,
Y se rieron,

Los presionaron,
Los agredieron,
Y se rieron

Los molestaron,
Los insultaron,
Y se rieron

Los ignoraron,
Los amenazaron
Y continuaron riéndose.

En diferentes lugares
Y a distintas personas
Les mojaron la oreja,
Los humillaron.

Lo hicieron porque eran más grandes
y más fuertes
Lo hicieron porque sentían que podían hacerlo.
Lo hicieron porque sabían que los demás
no se iban a meter.
Lo hicieron porque tenían cómplices que se reían.
Lo hicieron porque alguien les susurró que lo hagan.

Lo hicieron, y lo hacemos,
Porque somos hijos de puta.

El humillado sintió una sensación rara.
Se ahogaba
Pero también rebalsaba.
Como un dique reventando,
desgarrándose, temblando.

La presión del río marcaba grietas en sus manos,
En sus ojos,
En su frente.

El oprimido fijó su mirada en el suelo
y se hundió en la tierra.

Para él, la cancha de su barrio estaba en silencio.
Para los demás, el cuadrilátero ardía.

El infame volvió a avanzar,
Con la intención de mojarle la oreja,
Pero esta vez sintió la furia
de la furia.

El infame era roca.
Y el herido era mar
Y también ola.
Cuando chocaban eran ruido.
Cuando chocaban eran grito.
Cuando chocaban eran basta.
Basta.
Basta.
Basta.
Basta.
Basta.

lunes 19 de octubre de 2009

El ilusionista

Casi por unanimidad se afirma que la década del 90, fue la década de la ilusión. Esa "ilusión” tiene dos sentidos: por un lado simboliza la esperanza que se había despertado en un gran número de personas que creía que el modelo político-económico Neoliberal que se estaba implementando en el país generaría trabajo, estabilidad, progreso; por otro lado esa ilusión hace referencia al engaño que se estaba llevando a cabo. Los ilusionistas eran los que aseguraban que el crecimiento económico de algunos favorecería a todos; los ilusionistas eran los que sostenían que privatizando, concediendo y entregando se lograba eficiencia, transparencia, competitividad, rentabilidad; los ilusionistas eran los que justificaban la desaparición del Estado, del gasto social, de la escuela y del hospital público; y los ilusionistas poseían las herramientas para crear este artificio: los medios de comunicación, que ocultaban las voces que denunciaban el engaño, borraban las evidencias de la ilusión, y las huellas de sus creadores. Todos asistimos a esa fascinación.
En esos años apareció el Show de Video Match. Creo que comencé a ver este programa en el año 2000 (puede haber sido antes o después). Recuerdo un tren, recuerdo un tema de los Beatles, recuerdo papelitos, lo recuerdo a él con pelo largo, con el pelo corto, comiendo alfajores, riéndose de Escoltore, de Hope; recuerdo Grandes Poesías de Pequeños Autores, recuerdo a Deportes en el Recuerdo, a los Raporteros, a las Cámaras Ocultas, el gran discurso y la gran ironía sobre la acusación que Fernando de la Rúa le había hecho a él y a su programa sobre la responsabilidad que tenían en la caída de su gobierno, sé que si me esforzara recordaría otras cosas, pero con estas me alcanzan para decir: soy de la generación de los y las Tinellis.
Pasó el tiempo, y él se transformó en uno de los personajes más importantes de la Televisión Argentina y su programa en el más exitoso. Algunos comenzaron a alertar sobre lo que significaba esto; sin embargo, aunque leía las críticas que le dirigían a él, siempre consideré que era un tipo talentoso: tiene una excelente dicción (nunca se equivoca cuando habla), tiene tacto, maneja los tiempos, los ánimos, los códigos, tiene un gran sentido común, y, sin dudas, es inteligente. Lo acusaban de hacer un circo, de copiar ideas, de no estimular el pensamiento crítico ni el debate político, y yo lo defendía afirmando que estos eran argumentos de gente antipática y aburrida.
Sigo reconociendo su talento pero me he convertido en un “antipático”: ya no comparto que todo se trate de un negocio, de una conveniencia, de un show, de una ilusión que, supuestamente, nos alegra y nos beneficia a todos.
Desde un tiempo atrás su programa es el de mayor rating en el país, y en parte esto se debe a que una cantidad importante de sus productos fueron de una gran calidad humorística. Sin embargo, desde hace unos años, éstos se han deteriorado: hoy su figura y su programa no presentan ninguna novedad, ni atractivo. Paradójicamente estos años coincidieron con el período en que este programa comenzó a rebotar en otros, y a generar una agenda mediática interna. Irónicamente estos años coincidieron con el período en el que la Televisión comenzó a ser autorreferencial, y numerosos programas se dedicaron a repetir, repasar y analizar lo que pasa en otros programas, existe sólo lo que se ve en la tele, sólo lo que se vende (rating), y todos comenzaron a rendirle culto al show.
Así como resulta una ingenuidad acusarlo de haber causado la caída de un presidente, tampoco se lo puede señalar como el único responsable del deterioro de la cultura audiovisual. No obstante, no debemos perder de vista que no es un simple conductor sino que se ha convertido en un gran empresario y sus decisiones, planteos, y posturas repercuten en la sociedad mediática, virtual y real.
Esta semana pronunció un discurso en el que planteó, principalmente, que la violencia, la tensión y la división social deben dejarse atrás, y manifestó que para superar esto deberíamos cambiar varias cosas. Propuso que comencemos a pensar que el problema del otro, es un problema nuestro. Propuso que tenemos que dejar de lado las críticas. Propuso pensar en el bien común. Propuso que este es un buen momento para comenzar a servir y ayudar a otro, que este es un buen momento para ser solidarios. Y aunque coincida con varios de sus planteos, se me hace necesario ampliar y aclarar varios puntos. Sobre el final de su discurso se refiere a los que tienen poder desvinculándose de ese grupo, algo que no se puede aceptar si recordamos el peso de su figura a nivel social, y la posición económica del conductor. Él es parte del poder y podría, por ejemplo, modificar los contenidos de su programa y dar espacios a segmentos educativos, informativos, de debate, de reflexión, a bloques que fomenten valores e ideas, eso haría eco en otros programas, en las radios, en los diarios, en los clubes, en los trabajos, en las casas. Esto que pasó ahora es un buen síntoma, pero debería dejar de ser algo inusual y aislado. Si esto cambiara las mujeres no serían tratadas como objetos sexuales, los medios de comunicación no se utilizarían como empresas que generan productos para obtener ganancias.
Aunque no intento desalentar los valores que menciona, debemos reconocer que el trabajo solidario puede resolver problemas puntuales y particulares, pero la violencia, la tensión y la división social-global van a seguir existiendo mientras se mantengan las desigualdades materiales existentes.
El ilusionista montó un show en el que nada era más importante que la diversión, en la que nada pasaba, en la que todos reíamos entretenidos, en la que los hombres y las mujeres eran objetos, en la que lo privado era una broma, y lo público un negocio. Por último borró todas sus huellas y declaró que esta ilusión no era obra suya, que era de todos, y así se quito poder y responsabilidad en este artificio.
Cambiar el canal es una forma de pedirle que cambie.

viernes 2 de octubre de 2009

Violencia, muerte y resurrección

Existen un gran número de pensadores que aquellos que han pasado por las distintas etapas de la educación formal conocen: Karl Marx, Adam Smith, Jean Jaques Rousseau, Immanuel Kant, Rene Descartes, Aristóteles, Platón y Sócrates, son algunos de los autores que están dentro de ese grupo. Independientemente de la carrera que se haya elegido, en algún momento, tuvimos que escuchar, leer y estudiar algunos de sus planteos.

Lo cierto es que uno no siempre lee sus obras, sino las interpretaciones que otros pensadores, hacen de sus pensamientos. Supongo que, entre otros factores, el paso del tiempo demanda que esos intermediarios actualicen y resuman esas ideas para que podamos entenderlas. No obstante, esa interpretación no es una actividad neutral, este intermediario dota de nuevos sentidos esas ideas originales. No es mi intención poner en tela de juicio la fidelidad de esas interpretaciones, no, lo que propongo, simplemente, es que volvamos a las fuentes.

En una oportunidad encontré un libro que se llamaba algo así como “Las Grandes Entrevistas de Todos los Tiempos”. Entre los entrevistados se encontraban Marx, Freud, Mussolini, Hitler, Stalin, Roosevelt. Pensé que se trataba de algo valioso: la oportunidad de escuchar de forma directa a estos personajes. Recuerdo que en la entrevista que un periodista norteamericano le había hecho al autor de “El Capital”, descubrí algo que me alegró. El alemán aclaraba que, aunque el no creía en Dios, respetaba las creencias de los demás. Posteriormente, los hombres que interpretarían sus ideas no considerarían esto y, en distintas regiones de lo que fue la Unión Soviética, se persiguió y se reprimió a hombres de Fe. Al menos eso le sucedió al abuelo y al padre de Andrey, un compañero Ruso que estudió conmigo en la Universidad Adventista del Plata, en Entre Ríos. Cursando materias de Comunicación Social nos conocimos. Una mañana le propuse que hiciéramos una entrevista para un programa de radio que al final no haría. Esa mañana me contó eso: que su abuelo y su padre fueron agredidos, de una manera u otra, durante el período en el que en ese territorio se había configurado un aparente orden social comunista. Su abuelo y su padre fueron pastores de la Iglesia Adventista del Séptimo Día por aquellos años. Por este y otros casos, distintos sectores religiosos interpretaron que este sistema y el cristianismo no podían coexistir.

Luego de la caída del muro de Berlín en 1989, del fin de la Guerra Fría, y de que se conocieran los abusos llevados a cabo durante ese régimen, se instaló la idea de que el comunismo, como sistema político-económico, había fracasado. Políticos, pensadores, periodistas, profesores, pastores, curas, vecinos, lo repetían en distintos ámbitos. “Se trató de una utopía, que no se pudo llevar a cabo” decían resignados, o jubilosos.

En la entrevista que les mencionaba primero, Marx le decía a su entrevistador que la lucha de clases era inevitable; los oprimidos de Rusia y de Cuba serían los primeros en reaccionar ante la violencia de los sectores dominantes. Estos y otros hechos, movilizarían a diversos grupos de distintas puntos del mundo a ir detrás de esta nueva esperanza. Tras la denominada “muerte del comunismo”, estos focos de conflicto se apagaron. Si agregamos que en la actualidad se plantea que los grupos que reivindican este sistema son sectores violentos y extremistas, tendríamos que decir que la definición de comunismo o de izquierda, vigente en nuestro imaginario social, es la siguiente: el comunismo es un sistema utópico, en el que creen los jóvenes y algunos viejos que fueron hippies, que se instala violentamente; que ejerce el poder utilizando métodos totalitarios y opresivos. Lo que nos queda, nos proponen, es aceptar este sistema político (democracia) y económico (capitalismo) declarados como los “menos malos” de todos los posibles. Esta creencia te niega la posibilidad de soñar, de pensar, y de participar en proyectos que se propongan corregir o superar esto.

Retomemos la imagen de la muerte del “Comunismo” y de la “Izquierda Violenta” para replantearlas. Si partimos de la base de que “violencia es mentir”, de que violencia es mantener una producción y una distribución que benefician a grupos minoritarios, de que violencia es que haya hambre en un mundo que produce alimentos para tres planetas, debemos reconocer que la violencia no la inician los sectores que ni armas tienen. Violencia es que no haya trabajo, escuela, ni hospital. Violencia es que te repriman por reclamar por el cumplimiento de estos derechos. Esta violencia es planificada, argumentada, y atenuada por leyes y normas. Esto es lo que un autor llama “la burocratización del mal”. Lo otro, es lo inevitable, la reacción pura, eso que llaman barbarie.

Para discutir la idea de la muerte del comunismo parafraseo lo que plantea Noam Chomsky, ¿cómo se puede hablar de la muerte de un sistema que nuca tuvo vida? Para este autor el sistema que se desarrolló en la URSS nada tenía que ver con lo que había concebido Karl Marx. Y acá volvemos al principio: ¿a qué denominamos zurdo, marxista, comunista, socialista? ¿Qué fue lo que murió? ¿De eso se trataba el socialismo?

Por eso es necesario que volvamos a las fuentes, y con esto no sólo me refiero a aquellos libros que interpretaron y condicionaron el desarrollo de la historia de la humanidad; lo que digo es que pensemos todo de nuevo, desde nuevos términos y paradigmas, desde nuevas perspectivas y concepciones, como se animaron a hacer otros hombres en otras épocas, y que intentemos, y que nos ilusionemos, nada más que eso. Sobre todo, lo que propongo no es la resurrección de un sistema, de un partido, de un libro, o de un autor, sino la resurrección de hombres y mujeres como personas que piensan en el otro, y que hacen por el otro.

jueves 24 de septiembre de 2009

Si en el más alto cerro me colgasen,
Madre mía, oh madre mía,
Bien sé qué amor me acompañará,
Madre mía, oh madre mía

Si me ahogase en los profundos mares,
Madre mía, oh madre mía,
Sé que lágrimas hasta mí habrán de llegar,
Madre mía, oh madre mía

Si en alma y cuerpo me viese condenado,
Yo sé bien qué oraciones me salvarán,
Madre mía, oh madre mía

Rudyard Kipling


El ejército

Un homenaje a mi madre y a las madres que todavía caminan buscando a sus hijos.

Hay personas que recuerdan lo que sueñan. Otras que nunca recuerdan nada. Para un grupo los sueños son confusos. Para otros, los sueños, sueños son. Finalmente también están aquellos para los que sus sueños comunican y se animan a descifrar su significado. Para ellos, los sueños, las señales, son, como muchas otras cosas, una cuestión de fe y de amor.
I
El correo llegó mientras ella se preparaba para tomar el café. Estaba oscureciendo, la presencia sutil del viento agitaba los pétalos de las flores y las hojas de las plantas que adornaban el frente de la cabaña en la que, alguna vez, había vivido el joven aquel que temblaba, encerrado en su habitación.
Además de madera, la casa estaba construida de ladrillos a la vista, cientos de esas piezas colocadas en forma horizontal, separadas por pinceladas de cemento, que dibujaban un cuadro para cada una de ellas. Una ventana, una puerta, una puerta y una ventana, de esa sucesión, de derecha a izquierda, se componía el frente. Las persianas de madera con rejillas, se abrían hacia fuera, las ventanas, hacia dentro. Las primeras, en los dos casos, estaban abiertas de par en par.
La claridad, que iba menguando, dejaba observar el brillo de bronce de los picaportes de las puertas.
Del amplio terreno delantero del hogar se levanta un ejército de plantas distribuidos por los laterales: álamos, bignonias, helechos, eucaliptos, algarrobos, plantines, claveles, que le imprimían un tinte de color y vida a la casa en donde está sentada la señora rodeada de tres sillas, que permanecen sin ser ocupadas.
A diez cuadras, un regordete de 27 años comienza a aminorar la velocidad de su bicicleta, suelta los pedales momentáneamente y sus piernas flotan por encima de ellos, se sujeta nuevamente, y con sus dedos frena entrecortadamente. Sobre su hombro cuelga una mochila azul oscura que combina con la gorra que lleva puesta, en la que de frente se lee: Correo Argentino. (BEEep). Se tira débilmente sobre la banquina, esbozando una sonrisa a su maniobra de circo, un auto lo pasa, su conductor le dirige una mirada furtiva. “Pero cómo no te vas a la mierda”, piensa el dueño de una bici destartalada, que continúa su camino.
Esta vez, el sentido que a las madres las transforma en seres místicos, que lleva a entender por qué continúan diciendo ‘mi bebé’, aun cuando el niñito muestra abundante barba y una voz ronca de años de fumar, no aparece, no se hace presente: no ve venir la avalancha de sentimientos que se concentrarán en su pecho, cuando entre sus manos tenga las hojas que él escribió con sufrimiento.
Hace unos días ella le había comentado a su marido que el Mati no llamaba hace tiempo (dos días). Él la miró, sonrió, y se levantó de la silla. Finalmente le dio un beso en la frente y se marchó. Ella pensó unos segundos más y luego levantó la mesa: primero los platos, encima de ellos los cubiertos, y finalmente los vasos.
La cocina era pequeña, junto a ella estaba el lavavajillas y enfrente una heladerita. En la casa, este espacio era un lugar de transición entre la habitación y el living. Al final de este último, se encontraba la puerta que comunicaba con la habitación de Mati.
En esta oportunidad, salvo en aquella ocasión, ningún augurio le había advertido que su hijo no se encontraba bien. Como sí había ocurrido cuando terminó con Eliana, ella lo supo, aunque ni él ni ella se lo dijeron, aunque trataran de ocultárselo. Nadie se lo había dicho. Como el día que esos muchachos le pegaron, ella ni siquiera tuvo que verlo: se había escondido todo ese fin de semana en casa de sus abuelos, sin embargo ella lo sabia, se afligió al principio cuando esa punzada en el estomago (algunas veces la revelación sobrevenía a través de un sueño) apareció súbitamente, sin embargo al escuchar su voz por el teléfono, respetó que su hijo tratase de fingir que todo estaba bien, cuando en realidad tenía una bolsa de hielo sobre sus mejillas inflamadas.
Sin embargo hubo un día en que no pudo ocultar su ánimo, esa tarde despertó con lágrimas en sus ojos. Había “visto” a su hijo en la vereda del colegio llorando con la frente apoyada en las rodillas. Se levantó de la cama, enfurecida, era ya de noche, su hijo iba al colegio por la tarde y era Adrián quien lo pasaba a buscar. Ninguno de los dos se encontraba. No era la primera vez que se dormía y despertaba al anochecer, como tampoco era la primera vez que despertaba y no se encontraban los hombres de la casa.
Estaba lista para salir cuando llegaron, él estacionó el auto, y ella inmediatamente le gritó: “¿qué estuviste haciendo que no lo pasaste a buscar?”. Padre e hijo se miraron sorprendidos, era verdad, Adrián no había podido llegar a la hora exacta a buscar a su hijo, por eso habían planeado lo que iban a mentir: helados, una vuelta, la tía, otra vuelta. Pero no. El reflejo de ambos los había declarado culpables. Días más tarde se preguntaron cómo. Ella tomó de la mano al niño, y ni siquiera miró al desgraciado que se había olvidado a su pequeño hijo. “En qué estabas pensando. Inconsciente”- le diría, en un tono no del todo conciliatorio, días más tarde.
¿Cómo?: lo supo. Nada más.
Sobre la mesa, de la que ella ve caer la tarde, hay un diario, una azucarera, una servilleta, un plato y una cuchara, de allí toma con sus dedos la oreja de la taza que está orgullosa de haber comprado, cuando escucha que alguien golpea las manos. Levanta su cabeza, y sus ojos claros, distinguen entre las rejas del portón al muchachito del correo que, como acostumbra, dejó apoyada su bici en el desvencijado cesto de la basura. Se puso de pie y se dirigió a la puerta por el sendero de la entrada. Vestía una remera salmón y un jean azul, su pelo negro y enrulado brincaban en su frente como si fuesen resortes. Abrió el portón.

II
“Hoy, alguien tocó la puerta dos veces. La tercera vez sólo fue un anuncio de que la puerta se vendría abajo.
La tiraron.
Cuando escuché el sonido por segunda vez, : “Listo” le dije, “te creo”, creyendo aún que se trataba de una broma. Y ya era tarde”.
Las ventanas de sus ojos comenzaron a acumular desesperación, se frotó los ojos como si algo le picara.
“Y entraron.
Nosotros, que estábamos sentados a la mesa, observamos confundidos, no tuvimos tiempo a reaccionar, alguien me sostenía las muñecas, y otro me sujetaba del pelo. Lo mismo hacían los otros tres con mi compañero. Noté que mis piernas se entumecían al igual que mis brazos. Lo único que podía sentir era mi corazón latiendo desesperada y desenfrenadamente. Mis pensamientos se disparaban de manera tan vertiginosa que no recuerdo ninguno. Sentía miedo.
Fueron pocos minutos, lo sé, y sin embargo.....
¿Para quién escribo?
Creo que para la misma persona en quien pensaba cuando me aseguraron que eran mis últimos minutos de vida. Para la misma persona a la que deseaba tener a mi lado.
¡Como le pegaron a él! Le pegaron tanto que, tirado en el suelo, minutos más tarde, se retorcía y tenía espasmos como si continuaran. ¡Tanta furia!
Horas más tarde, luego de que se lo llevaran, me senté en un rincón. Con la cabeza apoyada a las rodillas le pregunté a Dios, ya que no estaba ella, ¿quién? ¿por qué?
El no saber las respuestas posiblemente es lo que me permite seguir vivo.
Nadie recibirá estas hojas, aunque siempre hay alguien que las encuentra y las recuerda.
Mi nombre es Matías Gonzáles, fui compañero de habitación de un hombre que sí tenía las respuestas de aquellas preguntas. Su nombre es Roberto Esthuer: estudiante enérgico”.


III
La taza se cayó de sus manos y se estrelló en el piso.
La noche se había apoderado del jardín engendrado en sus brazos.

IV
Despertó bruscamente.
Angustiada.
Se sacó de encima las colchas y comenzó a vestirse.
-Vamos a tener que comprar una taza nueva amor- le dijo Adrián al verla despierta.
Sin prestarle atención, continuó vistiéndose.
- Encedé el auto. Vamos a buscar a Matías.
- Pero mujer, hoy es martes.
Lo observó y no hizo falta explicar nada.
Con esta sensación se levantó cada día, a partir de este, un ejército de madres.

domingo 13 de septiembre de 2009

Una fallo de paz y amor

Corrían los primeros años del siglo XIX, cuando en un puerto del sur de China, entrada ya la noche y sin levantar sospechas, un comerciante británico le cambió a un comerciante chino una gran cantidad de opio, por los productos que el oriental poseía: porcelana, seda, condimentos, y té. El inglés pensó que se trataba de una gran oportunidad para comenzar a disminuir las perdidas que le ocasionaba comerciar en esta tierra. El asiático, luego de hacer dos pitadas, lo único que llegó a pensar fue: “como pega esta mielda”. Con el tiempo, esta situación se multiplicaría y este negocio sería uno de los más comunes entre estos dos países. Todo era amor y paz hasta que en el año 1829 el gobierno imperial Chino decidió prohibir el comercio de opio en su país; esta decisión molestó al gobierno británico, puesto que con la comercialización de este producto había logrado reducir el déficit que le ocasionaba el comercio con China. Con el estandarte de la defensa del Libre Mercado Gran Bretaña atacaría a este imperio, originando los conflictos que se conocerían como las Guerras del Opio.
En el Siglo XX, el gobierno de Estados Unidos relanzaría en su país la guerra contra las drogas, puntualmente contra la marihuana, lanzando una campaña de publicidad que trabajaría la idea de que esta sustancia estaba vinculada a la delincuencia, a la rebeldía, al comunismo y a la locura, por lo tanto concluyeron que su consumo constituía un delito. Tiempo después este país no sólo usaría distintos métodos para instalar su modelo político-económico en toda América Latina, sino que también trasladaría esta idea: consumo de drogas igual a delito. Pero, insistimos, esta guerra no era contra las drogas en general, sino contra aquellas que simbolizaban el avance del fantasma socialista en el continente. Y esta no es una interpretación caprichosa. El diccionario de la Real Academia Española, considera droga a cualquier “sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno”. Según esta definición las bebidas alcohólicas constituirían un tipo de droga deprimente, sin embargo la Ley de Drogas de nuestro país nunca consideró condenar, hasta con 2 años de prisión, a aquel que consumiera alcohol, tabaco, o tranquilizantes. Además esta norma limita la libertad y la intimidad de una persona, derechos que en nuestro caso se defienden en El artículo 19 de la Constitución Nacional, que establece que "las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública ni perjudiquen a un tercero están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados".
Finalmente la Corte Suprema de Justicia argentina ha reconocido esto, y abrió el camino a la despenalización del consumo privado de drogas, al declarar inconstitucional la sentencia contra cinco jóvenes que fueron condenados por “fumar un porrito”. El fallo se basa en el concepto de autonomía personal, protegido por el artículo que citamos en el que se señala que no se puede penalizar conductas realizadas en privado que no ocasionan daño o peligro para terceros. Se estima que esta sentencia creará jurisprudencia y los demás tribunales aplicarán en lo sucesivo criterios semejantes en otros casos de consumo privado de estupefacientes.
Distintos sectores se opusieron a esta medida, y una gran parte sostiene esta posición argumentando que los niños y adolescentes de los barrios marginales se ven amenazados continuamente por el “Paco”. Sus reclamos se entienden, no obstante consideramos que no están bien dirigidos, porque esta situación no es producto del "flagelo de la droga" sino de la cadena de la pobreza que tiene como eslabones principales la falta de trabajo, la destrucción de las relaciones sociales, y la precaria contención que se les ofrece.
La guerra por derogar la ley en el Congreso todavía no ha comenzado, sin embargo este fallo, adelantó un poco lo que viene. Esta recapitulación deja una pregunta ¿Que sucedería si los países del primer mundo encontraran convenientes el negocio de otras drogas, y el resto de los países prohibiera su comercio? ¿Se hablaría de la guerra contra las drogas o de la defensa por el Libre Mercado?

lunes 31 de agosto de 2009

Anoche me pegó una piña Patón

Supongo que en cada ciudad del mundo hay un Patón. Los Patones (y cuando digo “patones” no me refiero a los que calzan de 44 para arriba, sino a los que tienen determinado carácter) suelen ser impulsivos y torpes. Suelen ser altos, grandotes y posiblemente posean una voz monótona, gruesa y honda. “Eh, ¿dónde tan los changos?” pueden preguntarte sin gracia si te ven por la calle. “Ahh” te pueden contestar después.
En este caso, Patón es un vecino del barrio 100 viviendas, barrio de clase media en el que la mayoría de los jefes de hogar son empleados municipales, comerciantes, docentes, o gastronómicos; barrio de clase media en el que la mayoría de los hijos de esos padres estudian en escuelas públicas, y se hacen radiografías en hospitales públicos. Se me ocurre que este sector podría servir de muestra de lo que es, en líneas generales, Termas de Río Hondo: una ciudad de clase media constituida por empleados municipales, comerciantes, docentes y gastronómicos. Un pequeño paraíso peronista en este insensible sistema capitalista.
Patón me lleva varios años, así que cuando yo comencé a salir, Patón, ya era Patón. El primer recuerdo que tengo de él, es el de una noche en un boliche en el que le pegó a un amigo mío. Yo estaba ahí. Recuerdo que Patón estaba tan sacado que en un momento le sacó (nunca tan apropiada la redundancia) una pistola. Al final lo controlaron y lo sacaron. Creo que lo vi llorar por la furia que sentía. Nunca supe qué le había hecho mi amigo.
Otra noche terminamos tomando algo en un parque y nos hacía ver, a todos los que estábamos con él, que tenía un cuchillo. Siempre me dio la sensación de que nadie lo quería, pero que aceptaban compartir y reír con él, para no tener problemas.
Al tiempo me llega la noticia de que apuñaló a un chango y tuvo que irse un tiempo de la ciudad.
Le pierdo el rastro hasta que vuelve, se pone de novio y tiene una hija. Al parecer no era de acá. “Patón se rescató” se comentaba. Al tiempo se va, creo que a San Bernardo a trabajar con su novia. Cuando vuelve, vuelve solo y buscando trabajo.
Comienza a entrenar en un equipo de fútbol para jugar en la liga local. Lo ponen de defensor. Todos reconocen sus limitaciones técnicas y físicas, pero confían en que compensa esto poniendo fuerza, ganas y compromiso.
-Necesita que lo contengan- me dijo su entrenador una vez, mientras lo veía entrenar. Asiento.
“Patón se rescató” se vuelve a comentar.
Anoche (viernes) termino de jugar al padle y salgo a dar unas vueltas. Después de ver por dónde me podía sentar, termino en un banquito del parque. Algo conversaba con una amiga cuando de repente, en una esquina cerca de ahí, se arma una pelea. La curiosidad nos gana y nos acercamos. Patón peleaba con un conocido nuestro. En un momento el otro chico se cansa y se sienta en el piso. A patón lo sostenían tres personas. Logra soltarse y lo encara de nuevo. Sebastián, así se llama el conocido, no se levantaba. Yo estaba cerquita de él y cuando lo veo venir a Patón, se me da de ponerme arriba y decirle “no le pegués, está en el piso”. Tira una patada y no le pega. Yo seguía ahí, en el medio. Pasa todo rápido y siento una piña. Llegan otros y logran agarrarlo de nuevo, Seba corre, lo alcanzo en la moto y lo llevo. En el camino me dice que Patón es su amigo, que cómo le va a hacer eso.
Luego comienzan las repercusiones, los comentarios, los relatos, es todo un acontecimiento.
Uno me dice: “¿Te pegó no? Y bue, eso te pasa por meterte, yo por eso no me meto”. Siempre aparecen los que te dicen “no te metás”.
No me quedó ninguna marca, sólo la anécdota de que anoche me pegó una piña Patón.

lunes 17 de agosto de 2009

Mis primeras dos entrevistas

El día que me puse nervioso

Termas de Río Hondo es una de las mejores ciudades de Santiago del Estero, sin dudas, o mejor dicho es uno de los mejores paisajes urbanos de esta provincia. No sé cuándo se fundó, ni por quiénes, ni ningún otro dato histórico; sé que no tenemos el acento de los “santiagueños”, no decimos “¿qué haces?”, decimos “¿qué hacé?”; sé que no todos lloran cuando se van del pago; sé que gran parte de su población tiene que migrar para buscar trabajo; sé que la mayoría de los termenses solemos cruzarnos con marplantenses en algún momento de nuestras vidas, y que de esa cruza sale un tono y un vocabulario nuevo que incluye los términos: “pibe”, “viste”, “capi” “logi” “manzana”, “fie(r)ro”, “fo(r)ro” “pancho” y otros que ahora no recuerdo; sé que hay jejenes, (Traducción: mosquitos aún más cargosos que los normales); sé que en el verano llueve los fines de semana y que un ratito después vuelve a hacer 50° de calor; sé que la Cuenca Salí Dulce está contaminada y que por eso cada tanto aparece una mancha en el lago de la ciudad o un espiral de pescados muertos; sé que debe ser uno de los pocos lugares en los que en invierno hay días de sol; sé que las aguas termales atraen a turistas de distintas regiones del país; sé que todos los años se trabaja un poco menos; sé, y esto es lo quería comentar, que en esas temporadas de invierno suele llegar a la ciudad algún artista o un espectáculo importante. Welcome to the Termas.
En julio del año pasado llegó a esta tierra Nito Mestre. Sí, el que cantaba con Charly García en Sui generis. “Está igual” sólo que un poco más canoso y gordito. Un día antes de dar su función en el Centro Cultural brindó una conferencia de prensa en un Hotel. La novia de mi tío que trabajaba ahí me avisa. A la siesta me pongo a preparar preguntas. Lo único que se me ocurría era preguntarle si lo había visto a Charly (era la época en la que Charly estaba internado) pero me parecía desubicado. Al final se me ocurren dos. Me mando.
Había 15 personas: dos mozos, un productor, un presentador, el intendente de la ciudad, una fotógrafa, periodistas de Santiago, de Chile (sí, Chile) otro más y yo con un celular y una carpeta. “Bienvenidos, buenas tardes, que pum que pam” y el Intendente Luis Saleme le hace una broma de mal gusto (o confesión, nunca lo sabré) a Nito Mestre: “nací en Tucumán pero me vine a robar acá” ja ja ja, se rompe el hielo, todos felices. Se abren las preguntas. “¿Crees que la crítica musical argentina no ha valorado tu trabajo?”. No recuerdo la respuesta. Sé que en algún momento dice que sus discos solistas no son tan conocidos porque ninguno se produjo con el apoyo y la difusión de un sello discográfico importante. Mi viejo me dirá que los temas de él son todos iguales: guitarra, flauta, flores y arco iris. A la noche, en el show, comprobaría que era cierto. La conferencia de prensa seguiría y me encontraría con una persona segura, madura, relajada, tranquila, nada de sexo, drogas y rockanroll, nada de rockanroll n’ n’ n’. Hago mis preguntas. Termina todo. Pico unos alfajorcitos, unos sanguchitos, tomo un vasito de coca, y podría haberme ido. Pero no. Se me ocurre preguntarle si le podía hacer una entrevista para salir en vivo para FM 92.5. “Dale”, me dice amablemente. Este es el momento en el que tengo que hablarles de Ariel Romaguera. Era, en ese momento, el operador de la radio. Le gusta la marcha, la salsa, se autodenomina “dj lagarto”, se ríe a carcajadas, se chupa el dedo, y siempre, hasta el día de hoy, se portó bien conmigo. Ah, él no habla en la radio, sólo pone música y te saca al aire. “Listo”, me dijo ese día. “Estamos con Nito Mestre que hoy….. pa pa pa pa pa… , ¿con qué show se va a encontrar la gente que vaya hoy al recital?”, primera pregunta. “Bla, bla, bla, bla”. “Por qué crees que las canciones que compusieron con Charly en Sui Generis perduran hasta el día de hoy”, segunda pregunta. “No soy Sociólogo”, me contesta irónicamente y sigue “pero me imagino que bla,bla, bla”. Me pongo nervioso y me bloqueo, no sé qué más preguntarle. “Le querés preguntar algo Ariel” (jaaaj) y Ariel hace lo que sabe hacer: sube el volumen. Silencio. Al final Nito aprovecha para invitar a todos. Chau. Gracias. Me río. Me pasara varias veces después, pero esa fue la primera. Todavía me río.



La segunda entrevista se llama “El día que me vendí”, una entrevista a Leo Matiolli. Sí, “Leo, Leo, Leo”.

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