lunes, 3 de agosto de 2009

El hombre, el súper hombre, y el nuevo hombre

No pretendo desarrollar el pensamiento de Friedrich Nietzsche ni lo que propone en sus obras, ya que lo poco que he leído han sido interpretaciones de sus pensamientos, y algunos párrafos de sus libros. Podría decirse que conozco un Nietzsche mediatizado: un Nietzsche enamorado construido por el "Día que Nietzsche lloró" (un Best-seller escrito por x); un Nietzsche solitario y racista; un pensador critico, lúcido y oscuro; un hombre que "asusta" por postular el anticristo y otros demonios.
Encontré "Genealogía de la Moral" y "Así Habló Zarathustra", una tarde en la casa de un amigo. Por curiosidad leí un par de hojas. El primero era bastante denso, me dormía en la cuarta o quinta hoja de lectura corrida, así que lo abandoné bastante rápido. "Así Habló…" era más dinámico; estaba compuesto de frases simples en las que un hombre (tipo maestro espiritual que baja de una montaña y se sienta cerca de un árbol) opinaba y aconsejaba sobre distintos temas.
Tiempo después alguien me habló de él. Me dijo que Nietzsche había inspirado el pensamiento nazi, lo que es decir que había sido el ideólogo de uno de los genocidios más crueles de la historia de la humanidad. Me habían quedado dudas, pero para defenderlo tenía que leer más de 500 páginas.
Ahí se había estancado nuestra relación: en que él era tan insensible, egoísta, racista, y perverso como Hitler y varios de sus amigos. Un tipo cerrado con el que uno no se sentaría a tomar una cerveza.
Semanas atrás tenía (otra vez) una leve sensación de angustia. Sentía que las ideas y las creencias que dan sentido a mi existencia podían ser ridículas y falsas, puesto que leyendo el Quijote de la Mancha encontré que, en general, nos pasa algo muy parecido a lo del hidalgo: lo que leemos nos influye y nos condiciona de tal manera que nuestra forma de interpretar y encarar las cosas podrían ser una ilusión, un engaño. En vez de ver molinos de viento vemos ángeles o demonios; en vez de ver un rebaño de ovejas y de cabras vemos un ejército con el que debemos combatir, vemos estatizaciones o privatizaciones, y así comenzó a desmoronarse todo de nuevo. A esto se agregaba la crítica de mi amigo Nietzsche a mi moral occidental. ¿Dios? Podría ser una inventiva cultural y psicológica para encontrar sentido a todo esto. Y ahí, paradójicamente, ese mismo hombre me susurró por medio de un aforismo: "seguir soñando sabiendo que se sueña". Y aunque esa no haya sido su intención, recuperé mi fe.
En líneas generales los cristianos interpretamos que en este mundo estamos de paso, sin embargo esto no quiere decir que no debamos vivir con plenitud y que no recordemos que es en esta realidad en la que uno debe dedicar al menos una parte de su tiempo, de su fuerza y de sus capacidades a colaborar con otros, a ayudar a otros, a sentirnos parte de un lugar y de una comunidad. La perspectiva de este autor debería ser tomada como una alerta para no perder de vista dónde estamos y qué debemos hacer, y no para escandalizarnos y demonizarlo.
Es cierto, esta cultura occidental se basa en un libro: la Biblia, y esto se debe a que muchos hidalgos cristianos la impusieron violentamente, sin considerar que Jesús basó su mensaje en el diálogo diario. La Biblia desde el punto de vista de esos hidalgos parece una farsa, un instrumento para dominar y someter. Pero si leemos atentamente descubriremos que ese libro hace énfasis en el amor, en el diálogo: ilusiones irrenunciables.
Me quedo, entonces, con ese susurro final: seguir creyendo sabiendo que no se puede demostrar lo que se cree. Seguir intentando sabiendo que se intenta y que quizás nada cambie.
Entre tantas cosas a las que se adelantó a su tiempo, se puede agregar una más: pudo preveer que en este futuro pocos se sentarían a leer 500 páginas (a conocer a alguien), que muchos lo interpretarían erróneamente, que sería uno y otro, que sería esto y aquello en el mundo en el que sólo circulan imágenes. Por eso su pensamiento se condensa en recursos literarios conocidos como aforismos (pequeñas frases).
Quiero creer que, como cualquiera de nosotros, osciló en constantes contradicciones, que un día se enamoraba y al otro se desilusionaba, que un día se sentía seguro y otro se encerraba en su cuarto renegando de su suerte, que un día creía y que el otro mandaba todo a la mierda. Quiero creer que al llegar a la conclusión de que no se puede definir a algo como verdadero, nunca planteó que había una raza, valores, creencias, pensamientos, o costumbres superiores a otras.
El superhombre en el que creo, es el que cree en un mundo en el que nadie cree; el superhombre es el que sueña en un tiempo en el que nadie sueña; el que ama cuando nadie ama; el que intenta cuando nadie intenta; un superhombre que podría confundirse con el nuevo hombre cristiano.

6 comentarios:

Cany dijo...

El tema de las creencias es muy delicado... y grandes conflictos surgen de no distinguir dos conceptos que intentaste explicar: mis creencias y la verdad.
¿Qué me asegura que lo que yo creo es superior a lo que cree el Taoísmo o que La Biblia supera al Corán?
"Seguir soñando sabiendo que se sueña"

Anónimo dijo...

Creo que lo expliqué mal entonces, porque quise explicarlo. Recomiendo una relectura de ambos ja. Edu

Cany dijo...

Releé vos el comentario!!

Anónimo dijo...

jajajajajajajj, seguir comentando sabiendo que no interpretaré bien jajaja beso

Cany dijo...

Jajaja...

sabrina dijo...

No es fácil querer sacar algo positivo de alguien que la mayoria de la gente catalogó como "el hombre que mato a Dios", pero yo creo que es un desafío vencer los prejuicios y ver "la mitad del vaso lleno" de las cosas...

A propósito muy copada y amena la lectura

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